Josep Huguet

Dilluns, 12.2.2018 20:13h

Josep Huguet

GENERALITAT O REPÚBLICA

Traducido del original en catalàn

Unas obviedades para empezar. La Generalitat ha sido el órgano de autogobierno de Cataluña a lo largo de la historia, compartido, la mayoría de tiempo, con las monarquías catalanoaragonesa, los Austrias y del primer Borbón. Y en 1931, con la 2ª República española. Y el 77, con la monarquía tardofranquista. Cuando las circunstancias históricas han empujado a superar el régimen español se han ensayado repúblicas catalanas: desde Pau Claris a Francesc Macià. Si ahora mismo hubiéramos tenido delante a un Estado democrático como el canadiense o el británico, ya se habría producido el traspaso de poder del Estado y de su Generalidad autonómica a la nueva República catalana. Como estamos comprobando que vivimos en un estado que ha eliminado buena parte de los derechos democráticos, al menos en Cataluña, tras la intervención brutal, qué tenemos? Una República simbólica y una Generalitat autonómica en vías de liquidación. Es crudo, pero es así.
 
En estos momentos no tienen razón los que, a pelota pasada, creen que se tenía que haber frenado sin llegar al 1 de octubre o a la proclamación virtual, Porqué, de hecho, el autogobierno estaba ya en proceso de extinción de facto y porque iban a aplicar el 155 después del 1-O de todos modos. Tampoco tienen razón los que dicen que si hubiéramos resistido en la calle habríamos ganado. Yo me creo las explicaciones de los dirigentes independentistas sobre las amenazas de violencia. Sin tener asegurada la fuerza coercitiva, el resto de estructuras de Estado o la misma multitud en la calle no habrían impedido una operación relámpago de encarcelamiento del gobierno. Por lo tanto, globalmente se ha hecho lo que se podía hacer hasta ahora. Con errores, por supuesto, pero había que acumular fuerzas sociales, llenarse de razones y abrir el melón del referéndum y la proclamación, aunque fuera simbólica. Ahora que ya sabemos cómo es el melón por dentro, reorientamos y diversificamos la estrategia. El reto, por lo tanto, va mucho más allá de la investidura del presidente de una Generalitat disminuida o de una República en el exilio. Por ello, y esperando que se encuentre un punto de acuerdo, este tema es de orden menor, vista la magnitud de lo que nos espera.
 
 
Necesitamos símbolos para mantener la llama de la legitimidad y la acción internacional? Sí. Necesitamos un gobierno que, aunque muy limitado, aguante el chaparrón en el interior, teniendo siempre presente la correlación de fuerzas, y que recupere el buen gobierno en las áreas que afectan la cotidianidad? También. Basta poder compatibilizar ambas cosas y que la apuesta por una no nos haga descarrilar la otra? Tampoco. ¿Qué objetivos más necesitamos? Ampliar la base social de apoyo a la democracia y la República, combatir en todos los frentes la dictadura y construir un espacio económico y social desconectado de la oligarquía española empoderando la población.
 
A los que dan por amortizado el tema de la base social hay que recordarles que Ciutadanos, que nació para crear un Ulster en Cataluña, lo ha conseguido en parte. Sin que, por ahora, no se haya llegado a las últimas consecuencias, la minoría franquista organizada se ha descarado y ha salido a las calles amenazando a ciudadanos por tener en el balcón la estelada o por lucir lazos amarillos, sabiéndose protegidos por la policía. La masa de votantes españolista, por suerte, no es así. Pero hay que ir planteándose qué hacer para llegar a una gente que ha sido intoxicada por la propaganda aterradora del españolismo sobre los riesgos que sufrirían con la República. En este sentido las luchas y los debates sociales, el hilo rojo de la memoria antifranquista y nuevos canales privados y públicos en castellano, aparecen como urgencias ineludibles.
 
En segundo lugar, si en todas las encuestas un 80% de la población es demócrata, partidaria del derecho a decidir y contraria a la represión, habrá que reiniciar la Asamblea de Cataluña, allí donde la dejaron morir los principales partidos de la Transición del año 1977. Reagrupar entidades culturales, deportivas, asociaciones de vecinos, de madres y padres, grupos confesionales, colegios profesionales, etcétera, en torno a los cuatro puntos clásicos que vuelven a ser vigentes: 1) Fin de la persecución judicial , los encarcelamientos y exilios. Amnistía para los condenados en juicio. 2) Defensa de los derechos y libertades de la ciudadanía: de expresión, de pensamiento, de manifestación, de asociación ... Conducción de los responsables de su vulneración a los tribunales internacionales. 3) Defensa del ejercicio de la autodeterminación del pueblo de Cataluña con un referéndum reconocido internacionalmente y por el Estado. 4) Fraternidad con todos los pueblos  que luchan por su emancipación social y nacional.
 
En tercer lugar, el empoderamiento de la ciudadanía se hará efectivo con una hiperactividad organizativa como consumidores (4 millones potenciales como mínimo), como denunciantes de abusos y como emprendedores de proyectos económicos autocentrados. Así pues, por favor, pasemos página pronto del tema de la investidura, porqué, surja el tipo de gobierno que surja, su función será necesaria pero claramente insuficiente.
Llegeix l'entrada al blog